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¿Te pareces a tu pareja? Estás de suerte, la ciencia dice que el amor triunfa entre los que se parecen

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Existe un refrán popular que dice aquello de “dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición”. Y no podría definir mejor el tema de hoy: esas personas que se adaptan y amoldan tantísimo a sus parejas que terminan pareciendo siameses. Y no, no es un mito o una leyenda, existen estudios y bases científicas para ello. ¿Por qué las parejas se mimetizan? ¿Cómo reconocerlo para evitarlo?

Si miramos a nuestro alrededor, veremos que las personas tienden a salir y enamorarse de otras similares a ellos de alguna forma. Ya sea a nivel académico, económico o social; pero también por características más específicas como los hobbies, la altura o la edad. Esto es lo que se llama ‘emparejamiento asortativo’, un fenómeno acuñado por este estudio del National Bureau of Economic Research.

 

parejas mimeticas

Esta tesis trata de explicar porque las personas con estudios o cierto nivel económico tienden a casarse con otras de las mismas características para doblar sus oportunidades en el futuro. Esto, por supuesto, no ocurre de forma deliberada. “Está en nuestro ADN, a un nivel mucho más inconsciente y tiene que ver con los instintos de supervivencia” afirma el artículo. Pero el concepto de mimetización va más allá: nos emparejamos con personas similares y, con el paso del tiempo, nos vamos pareciendo aún más (física y psicológicamente)

“Tu cara me suena”: parejas que se parecen a nivel físico

Como hemos comentado anteriormente, nos sentimos atraídos por personas de la misma edad, altura. O incluso rasgos similares. Esto es porque, científicamente hablando, estamos programados para buscar la similitud genética. Y no es broma. Nuestro ADN está programado para pasar nuestros propios genes y las posibilidades de tener un hijo similar a ti aumentan con una pareja similar a ti.

Esta teoría se denomina “similitud facial” y fue desarrollada en 1987 por el psicólogo Robert Zajonc de la Universidad de Michigan. Hoy en día continúa siendo el mayor referente en cuanto a psicología y comportamiento de parejas, demostrando en su estudio que las parejas que llevan casadas más de 25 años son muy parecidas físicamente entre ellas.

Esta hipótesis de Zajonc habla también del entorno en el que se desarrolla la pareja. Dos personas que llevan mucho tiempo juntas han compartido experiencias, hábitos de sueño, alimenticios y sociales. Han sufrido y reído juntos, y eso va moldeando nuestro aspecto. Así, se podría decir que cuánto más parecida es una pareja, más feliz y duradero es el emparejamiento. Ya sea una causa (la similitud facial que buscamos antes de enamorarnos) o un efecto (el entorno conjunto que surge del emparejamiento) de ello.

“¡Estás en mi cabeza!”: similitudes a nivel psicológico

Más allá de los parecidos físicos, es muy común encontrar parejas que piensan igual, se comunican de forma similar e incluso completan las frases el uno del otro. Esto no es una cuestión de encontrar a tu media naranja, sino de un proceso psicológico denominado “neuronas espejo”.

Este mimetismo entre personas enamoradas ocurre de forma inconsciente y, en palabras del propio Zajonc “es un fenómeno que ha ocurrido siempre y responde a nuestra necesidad humana de sentirnos parte de algo o fuera de algo”. En definitiva, nuestro cerebro y nuestra psique se adaptan para encajar.

Este fenómeno de mimetización ocurre en diferentes estadios e intensidades. Sin embargo, esto no garantiza una vida juntos ni se traduce en que hayas perdido tu personalidad. Solo porque actues parecido y tengas rasgos físicos similares no significa que piensan igual. Pueden compartir aspectos de su personalidad, pero siguen siendo personas independientes (aunque parecidas). Parece que, al fin y al cabo, los polos opuestos no se atraen tanto como creíamos.

 




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