Enero de 2026 dejó claro que la fama digital puede ser tan volátil como inmediata. Una serie de entrevistas virales protagonizadas por influencers de alto alcance detonó una ola de críticas por actitudes consideradas soberbias, respuestas fuera de lugar y una evidente desconexión con la audiencia que los llevó a la cima.
El problema no fue únicamente lo que dijeron, sino el contexto: programas con gran alcance, preguntas incómodas y una audiencia cada vez más exigente. En redes sociales, los fragmentos más polémicos se viralizaron en minutos, generando reacciones en cadena, llamados a la “cancelación” y debates sobre responsabilidad mediática.
Este fenómeno expone una nueva realidad: los influencers ya no juegan solo en su terreno. Al cruzar al mundo de los medios tradicionales, se enfrentan a reglas distintas, donde la improvisación puede convertirse en su peor enemigo y donde la autenticidad, mal manejada, puede interpretarse como falta de respeto.

