Elena Poniatowska: “La escritura nace de todo lo que me toca el alma”

Elena Poniatowska: “La escritura nace de todo lo que me toca el alma”

Elena Poniatowska mantiene intacta la curiosidad que ha marcado su trayectoria. A sus 94 años, la autora continúa encontrando inspiración en la vida cotidiana: caminar por las calles, conversar con desconocidos y detenerse a observar detalles que para otros podrían pasar desapercibidos. Cada rostro, edificio o fragmento de conversación puede convertirse en el inicio de una nueva historia.

En una reciente charla realizada en su casa al sur de la Ciudad de México, la escritora compartió que sigue llevando una vida activa y cercana a la gente, algo que considera esencial para su trabajo. Asegura que las emociones y las experiencias humanas continúan siendo el motor de su escritura, pues todo aquello que la conmueve despierta en ella el deseo de narrarlo.

El hogar de la también periodista refleja su profundo amor por las letras. Los libros ocupan prácticamente cada rincón, desde obras de poesía y novelas contemporáneas hasta clásicos universales y textos periodísticos. Para Poniatowska, una casa difícilmente puede imaginarse sin libreros, ya que los libros forman parte fundamental de su entorno y de su forma de ver el mundo.

Además de literatura, su espacio está rodeado de elementos personales y artísticos: flores de distintos colores, fotografías familiares, pinturas y recuerdos que cuentan fragmentos de su vida. Entre ellos destacan algunas obras creadas por ella misma, paisajes y bodegones, así como retratos y referencias a figuras cercanas a su historia.

La convivencia con sus mascotas también ocupa un lugar especial en su día a día. Durante la entrevista, una de sus gatas permaneció cerca de ella, dejando ver el cariño que la escritora siente por los animales. Incluso sus nombres guardan un significado especial, pues fueron inspirados en su entrañable amistad con el escritor y cronista Carlos Monsiváis, cuya memoria sigue presente en su hogar.

“Cada día comienzo haciéndome preguntas” podría resumir la esencia de Elena Poniatowska, cuya curiosidad ha guiado gran parte de su vida. La autora recuerda sus raíces en Francia, el contexto de la Segunda Guerra Mundial y el momento en que llegó a México en 1942, país que más adelante convertiría oficialmente en su hogar. Durante sus primeros años vivió con su abuela, en una casa de la colonia Juárez donde convivían con decenas de perros rescatados, muchos de ellos bautizados con nombres inspirados en personajes de ópera.

Su vínculo con los animales permanece tan fuerte como siempre, al igual que otros intereses que han acompañado su vida: el amor por las plantas, las manualidades, los paseos en bicicleta, los caballos y el mar. Rodeada de macetas y naturaleza, la escritora encuentra placer en las pequeñas cosas cotidianas y disfruta de mantener una relación cercana con todo aquello que le despierta curiosidad.

A lo largo de los años, Poniatowska ha cultivado múltiples pasiones. Además de escribir, dedica tiempo a la pintura, al tejido y hasta a tareas sencillas del hogar, mientras conserva intacta esa necesidad de descubrir cómo funciona el mundo. Desde joven sintió interés por conocer a las personas detrás del arte, la música o la arquitectura, preguntándose quiénes eran los creadores de aquello que llamaba su atención.

Su inquietud por aprender siempre la llevó a acercarse a distintos espacios culturales y populares. Ya fuera una presentación artística, un mural urbano o una conversación espontánea en la calle, para ella cualquier experiencia representaba una oportunidad para conocer nuevas historias y conectar con las personas.