Día del Padre: Oswaldo Oliva y la experiencia que transformó su vida

Día del Padre: Oswaldo Oliva y la experiencia que transformó su vida

El chef al frente de Lorea reflexiona sobre la paternidad, el bienestar emocional y el desafío de dedicar tiempo de calidad a la familia en una época de constantes distracciones.

Ser chef probablemente sea una de las profesiones más demandantes que existen. Jornadas interminables, decisiones constantes, presión diaria y la responsabilidad de liderar equipos en uno de los entornos laborales más intensos que existen. Además, existe una vieja broma dentro de la industria: la mayoría de tus colaboradores saben usar cuchillos. Al frente de Lorea, Oswaldo Oliva ha construido una carrera acostumbrada a la exigencia, la disciplina y la presión constante. Por eso resulta interesante preguntarle qué ha sido más desafiante que dirigir una cocina de alta exigencia. La respuesta no tiene que ver con un servicio complicado ni con una receta perfecta. Tiene que ver con la paternidad.

La paternidad pone todo en perspectiva

Para Oliva, la llegada de su hijo modificó la manera en que entiende las preocupaciones y las urgencias del día a día. Situaciones que antes parecían críticas ahora ocupan un lugar distinto en su mente. La paternidad, explica, tiene la capacidad de poner las cosas en perspectiva y obligarte a cuestionar qué tipo de persona quieres ser.

“La paternidad relativiza mucho las cosas y ubica las cosas en su lugar. Las preocupaciones que antes parecían de urgencia absoluta, de pronto la mente ahora las ordena muy por debajo de cosas que antes ni me imaginaba”.

Ese proceso también lo llevó a mirar hacia atrás. A recordar cómo fue su propia infancia, la relación con sus padres y experiencias que parecían olvidadas. De pronto, recuerdos que durante años parecieron irrelevantes comenzaron a cobrar un nuevo significado.

Pero quizá la reflexión más poderosa tiene que ver con el lenguaje. Oliva reconoce que la forma en la que habla con su hijo terminará convirtiéndose en parte de la voz interior con la que él mismo enfrentará el mundo.

“Lo que yo le digo a mi hijo, la voz con la que yo le hablo se va a convertir en su voz interior. Esa es la voz que él va a escuchar cuando esté delante de situaciones difíciles”.

Más que corregir o imponer, busca construir una voz que acompañe, que ayude y que genere confianza cuando lleguen los momentos difíciles.

También entiende la crianza como un esfuerzo colectivo. Para él, educar a un buen ser humano va mucho más allá de la figura paterna y requiere la participación de toda una familia. Son pensamientos que, admite, probablemente nunca se habría planteado antes de convertirse en padre.

Chef Oswaldo Oliva. Foto: Cortesía.

El verdadero reto es estar presente

Si existe una palabra que aparece una y otra vez durante la conversación es presencia. No tiempo. Presencia.

Oliva reconoce que uno de los desafíos más complejos de esta etapa es evitar que las exigencias del trabajo invadan los momentos que comparte con su hijo. El teléfono que vibra constantemente, los pendientes que nunca terminan y la necesidad de resolver problemas en cualquier momento representan una tentación permanente.

Por eso intenta establecer una frontera clara. Cuando está con su hijo, quiere estar realmente con él. No quiere que el recuerdo que conserve sea el de un padre permanentemente distraído, revisando mensajes o resolviendo asuntos laborales. Su preocupación no es únicamente administrar el tiempo, sino proteger la calidad de ese tiempo.

“No quiero que tenga ese recuerdo de su papá todo el día pegado al teléfono o su papá trabajando. Quiero estar con él”.

La frase que utiliza para describirlo resume perfectamente su postura:

“No quiero que el presente le coma pedacitos al futuro”.

En otras palabras, entiende que cada momento de atención que pierde hoy es una experiencia que ya no podrá recuperar mañana.

La salud mental también necesita mantenimiento

Otro tema que ocupa un lugar importante en su vida es la salud mental. Desde hace varios años acude a terapia de manera constante y habla de ello con total naturalidad.

Lo que comenzó como una herramienta para enfrentar momentos específicos terminó convirtiéndose en una práctica permanente. Hoy la considera una parte más de su rutina de cuidado personal, tan importante como cualquier otro hábito relacionado con la salud.

“Lo que empieza siendo una necesidad porque estás mal por algo acaba convirtiéndose en una parte equiparable a la higiene”.

Su visión es sencilla: así como hoy nadie cuestiona la importancia de cepillarse los dientes o mantener hábitos básicos de higiene, llegará un momento en que acudir a terapia será visto exactamente de la misma manera.

“Llegará un momento en la historia en el que la terapia sea tan normal como lavarte los dientes o ponerte desodorante”.

Para él, revisar constantemente los propios esquemas de pensamiento y mantener la flexibilidad mental es una necesidad, especialmente en un entorno cada vez más complejo y acelerado.

Chef Oswaldo Oliva. Foto: Cortesía.

Aceptar que no se puede hacer todo

Antes de convertirse en padre, el ejercicio ocupaba un lugar importante en su vida. Entrenaba con frecuencia y disfrutaba mantenerse activo. Sin embargo, la llegada de nuevas responsabilidades modificó la ecuación.

Recientemente tuvo la oportunidad de regresar al gimnasio durante algunas semanas, pero pronto se encontró frente a una decisión familiar para muchos hombres adultos: el tiempo es limitado y cada elección implica renunciar a otra cosa.

En su caso, decidió dedicar parte de esas horas a desarrollar una nueva faceta relacionada con la creación de contenido y la divulgación. A través de videos en redes sociales comparte experiencias y aprendizajes que considera útiles para personas más jóvenes, especialmente aquellas que enfrentan etapas similares a las que él ya atravesó.

“Tuve que decidir: o me cuido más físicamente y vuelvo a hacer ejercicio o exploro esta vertiente. Porque todo no se puede”.

No lo ve como una extensión de su trabajo en Lorea, sino como una forma de transmitir herramientas que le habrían resultado valiosas cuando tenía 20 o 30 años y todavía no sabía cómo enfrentar ciertas etapas de la vida.