El compositor de “Wicked” dice que no aparecerá en el Kennedy Center tras el cambio de su nombre

El compositor de “Wicked” dice que no aparecerá en el Kennedy Center tras el cambio de su nombre

La tensión entre el arte y la política vuelve a colocarse en el centro del debate cultural en Estados Unidos. Stephen Schwartz, legendario compositor de musicales como Wicked, Godspell y Pippin, anunció que no se presentará en el Kennedy Center luego de que su junta directiva aprobara añadir el nombre del presidente Donald Trump al icónico recinto de artes escénicas en Washington D. C.

Schwartz, ganador de premios Oscar, Grammy y Tony, expresó su postura a través de un comunicado contundente en el que dejó claro que su decisión no es personal, sino ideológica. “El Kennedy Center fue fundado para ser un hogar apolítico para artistas de todas las nacionalidades e ideologías. Ya no es apolítico, y presentarse allí se ha convertido en una declaración ideológica. Mientras eso siga siendo así, no apareceré allí”, afirmó.

El anuncio generó una ola de reacciones dentro de la comunidad artística, ya que el Kennedy Center ha sido históricamente considerado un espacio neutral dedicado exclusivamente a la celebración de las artes, independientemente de posturas políticas o afiliaciones partidistas. Para muchos creadores, la decisión de vincular de manera simbólica el recinto con una figura política representa una ruptura con esa tradición.

Hasta hace apenas unos días, el sitio web oficial del Kennedy Center anunciaba la participación de Schwartz en una gala especial junto a la Washington National Opera programada para mayo, incluso con enlaces activos para la compra de boletos. Sin embargo, el viernes por la tarde dicha información fue retirada del portal, lo que confirmó de manera tácita la salida del compositor del evento.

Este gesto convierte a Stephen Schwartz en uno de los artistas más reconocidos que rechazan públicamente lo que algunos han calificado como una “toma de control político” del centro cultural más emblemático de la capital estadounidense. Su decisión se suma a una lista creciente de figuras del mundo artístico que han optado por distanciarse del Kennedy Center ante los recientes cambios en su dirección y simbolismo institucional.

Más allá del impacto inmediato en la programación del recinto, el caso reabre una discusión de fondo: ¿pueden los espacios culturales mantenerse al margen de la política en un contexto cada vez más polarizado? Para Schwartz, la respuesta es clara, y su ausencia del Kennedy Center se ha convertido, irónicamente, en una de las declaraciones más sonoras dentro del panorama cultural actual.

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